Operación de amígdalas en adultos: historia de un postoperatorio

Operación de amígdalas en adulto

Hoy os traigo un post que nada tiene que ver con el contenido habitual que publico en el blog, pero considero que puede ser de ayuda para quienes tengan que pasar por esta situación: una operación de amígdalas en adultos.

No he sido yo quien se ha operado sino mi hermana, pero ella misma me ha pedido un espacio para compartir su experiencia, con el objetivo de dar información y animar a quienes estén en pleno postoperatorio. ¡Ambas deseamos que os sea de utilidad!

Operación de amígdalas en adultos: paso a paso

Antes de la operación

Por diversas causas médicas que no vienen al caso, recomendaron a mi hermana operarse de las amígdalas y, además, hacerlo lo antes posible. En tan solo diez días se hizo las pruebas recomendadas para el preoperatorio, firmó los consentimientos pertinentes para la operación y esperó a que llegara el día.

La operación: rápida y sencilla

La operación de amígdalas en sí es rápida y sencilla, y se considera ambulatoria. Es decir, si todo va bien y no tienes complicaciones asociadas, te dan el alta en el día o al día siguiente de la intervención (en función de la hora en la que te hayan operado). Se realiza bajo anestesia general.

Las horas posteriores: llevaderas

Cuando mi hermana salió de quirófano, se encontraba relativamente bien. Se quejaba de dolor en la comisura de los labios y la lengua, y estaba algo mareada por el efecto de la anestesia, pero apenas notaba dolor en la zona de la intervención. En el lugar donde se encontraban las amígdalas había dos enormes manchas blancas, que se fueron haciendo más evidentes y visibles a medida que pasaban los días.

Un par de horas después le llevaron la merienda (un zumo de fruta) y cuatro horas más tarde cenó un plato de puré de verduras.

Como había tenido problemas con la vía, no pudieron suministrarle la medicación de esta forma, por lo que tuvo que tomárselo en pastillas, alternando paracetamol y enantyum cada cuatro horas.

Los dos primeros días tras la operación: dolorosos

Tras el alta comenzó a sentir los primeros dolores fuertes, y según me comentaba, fueron en aumento en cuestión de horas. Se agudizaban cuando comía o hablaba, pero su peor momento eran sin duda las noches, en las que el dolor apenas le dejaba descansar. Además, sentía que la garganta se le resecaba y se ahogaba cuando se tumbaba, por lo que notaba cierto alivio si descansaba semiincorporada.

Su voz tenía un timbre y una tonalidad muy extraña. No era afonía, ni tampoco ronquera, pero se escuchaba diferente.

Cuarto día tras la operación: ligera mejoría

El cuarto día tras la operación, mi hermana experimentó una ligera mejoría, aunque por desgracia no llegó ni siquiera a las 48 horas. Pero en ese día y medio en el que se encontró mejor, comenzó a hablar con menos esfuerzo y más nitidez, estaba más animada y sentía que el dolor había remitido.

Quinto día tras la operación: mucho dolor

Pero después de aquella leve mejoría, tuvo una recaída fuerte, y el dolor se hizo insorportable. Ella lo describía como un dolor seco, continuo y punzante, muy diferente a cualquiera de las amigdalitis fuertes que había tenido con anterioridad. Además, de vez en cuando sentía punzadas en los oídos, escalofríos, y tenía el cuello muy rígido.

Sexto y séptimo día: de nuevo, mejoría

El sexto y el séptimo día fueron bastante buenos para ella. Los dolores se habían reducido notablemente, se sentía más fuerte y animada e incluso salimos juntas al cine y a cenar (ella se tomó un helado ;-))

El séptimo día tuvo la primera revisión tras la operación, y la doctora le dijo que estaba evolucionando muy bien. Algunas de las costras habían comenzado a desprenderse, y eso era muy buena señal. Pero también le advirtió de que lo “peor estaba por venir”, y que ese momento llegaría con la caída de las costras.

Del octavo al décimo día: los días más dolorosos

Operación de amígdalas en adulto

La advertencia del médico hizo que mi hermana no se confiara demasiado durante los dos días de tregua que tuvo, porque, efectivamente, lo peor estaba por llegar. Ese empeoramiento se produjo entre el octavo y décimo día tras la operación, y fue la primera vez que el dolor le impidió comer.

Le costaba articular palabra, e incluso abrir ligeramente la boca. Los pinchazos en los oídos eran constantes, y el dolor llegó a ser tan fuerte que tuvo que acudir a Urgencias para que valoraran si lo que estaba sintiendo formaba parte del proceso normal de recuperación.

Una vez más, los médicos le confirmaron que todo marchaba correctamente, y le recetaron un analgésico opioide para soportar mejor el dolor, que si bien ella está convencida de que no le alivió en abosluto, al menos la relajó y pudo dormir por primera vez en varios días.

Del décimo al décimo tercer día: ahora sí, ¡mejoría notable!

Y tras tres días de muchísimo dolor, medicación a todas horas, lágrimas y pocas ganas de comer, mi hermana comenzó a mejorar. ¡Y por fin parecía que esa mejoría ya no tendría marcha atrás!

Cada día que pasaba se levantaba mejor que el anterior, las noches empezaron a ser algo más llevaderas, e incluso comenzó a incorporar a su dieta alimentos suaves como la tortilla francesa o el pescado hervido. Su timbre de voz ya era el habitual, aunque había ciertas palabras y fonemas que le costaba pronunciar, como la -RR

Dos semanas después de la operación: el alta médica

Exactamente dos semanas después de la operación, mi hermana tuvo la segunda revisión con el médico, y ese día le confirmaron el alta médica. La doctora le confesó que había tenido una de las recuperaciones más rápidas y buenas que había visto en mucho tiempo, y sin duda lo achacó a la actitud positiva que mantuvo durante todo el postoperatio.

Al día siguiente del alta se incorporó a trabajar, y a día de hoy, tres semanas y media después de la operación, puede decirse que hace vida prácticamente normal.

¿Qué comer durante el postoperatorio?

La dieta tras la operación de amígdalas en adultos

Las indicaciones que le dieron los médicos sobre alimentación durante el postoperatorio fueron dos, básicamente:

  • Vigilar que las comidas no estuvieran calientes, y optar exclusivamente por alimentos fríos los dos o tres primeros días.
  • Tomar solamente alimentos triturados hasta que las costras comiencen a caer. Un desprendimiento prematuro de las costras por el roce de alimentos enteros podría provocar un sangrado.

Salvo el octavo, noveno y décimo día, en los que el dolor le impidió prácticamente comer, mi hermana se esforzó diariamente en hacer al menos tres comidas, y en hidratarse continuamente. Este hecho fue, según los médicos, una de las cosas que pudo haberle ayudado a tener una recuperación más rápida.

Entre los alimentos que mejor toleraba estaban: los yogures, flanes y gelatinas, los helados, los purés de verduras (sin sal y con poco aceite), y las papillas de frutas sin cítricos.

En cuanto a bebidas, estaba continuamente bebiendo leche, batidos o zumos, pues sentía que tener la garganta permanentemente hidratada con líquidos, le ayudaba a sobrellevar mejor el dolor. Curiosamente, el agua le costaba más trabajo tragarla.

En cualquier caso, sus necesidades cambiaban por días, y las verduras que en un momento dado toleraba, le hacían especial daño dos días después. Imagino que todo dependería de la sensibilidad de la zona y del proceso de cicatrización.

Otros aspectos a tener en cuenta tras la operación

Según la experiencia de mi hermana, estos son algunos de los aspectos que deberías tener en cuenta tras la operación, y de los que probablemente no te informen los médicos:

  • El sentido del gusto cambia. Primero notarás una disminución en el sabor de los alimentos y posteriormente sentirás que todo te sabe fatal. Esta alteración puede llegar a durar varios meses, según le explicaron posteriormente en una revisión.
  • El tono de voz cambia por momentos. Habrá días en los que sientas que hablas mejor y más nítido, y otros en los que parezca que “la voz no te sale”. Lo normal es que en un par de semanas recuperes tu timbre normal.
  • Puedes sufrir episodios de estreñimiento. Consultar con el médico si esto ocurre.
  • La boca huele muy mal durante varios días, a pesar de que la higiene dental sea adecuada.
  • Es posible que los labios y la lengua presenten heridas o irritación tras la intervención. La vaselina o el cacao labial te ayudarán.

Recomendaciones para una pronta recuperación

Si eres adulto y vas a someterte a una operación de amígdalas, estos son los consejos que ofrece mi hermana, según su experiencia, para tener una pronta recuperación:

  • No dejes de comer, por poco que sea.
  • Si todo está transcurriendo con normalidad y no hay motivo para ello, no te quedes en la cama. No se recomienda una actividad intensa, pero puedes salir a dar un paseo, tomar el sol, quedar con alguna amiga… Todo ello contribuirá a mejorar tu estado anímico y a que los días pasen más rápido.
  • Según su experiencia, el dolor comenzaba a empeorar por la noche y eso le impedía dormir. Por ello, intenta echarte alguna siesta breve a lo largo del día, y así llegarás a la noche con más fuerza.
  • Antes de la operación, hazte con un arsenal de libros, películas y series que puedas leer/ver en las interminables noches de insomnio.
  • Ante cualquier duda, preocupación o sensación diferente que notes, acude al servicio de urgencias de tu hospital.

Por lo general, la operación de amígdalas en adultos es bastante dolorosa, y es algo de lo que informan los cirujanos antes de la intervención. Pero, lógicamente, todo dependerá de la persona y de las circunstancias que rodeen al postoperatorio.

En cualquier caso, esta operación en adultos no tiene, afortunadamente, nada que ver con la que se hace en la infancia. Conozco en mi entorno a varios niños operados de anginas que han tenido un postoperatorio rápido y prácticamente indoloro, y en la blogosfera he encontrado el testimonio de otra mamá sobre la operación de anginas de su peque.

Imágenes: Pixabay


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