Ya no volverá a haber un bebé en casa, nunca más…

Siempre he tenido claro que quería ser madre de familia numerosa, y en mis planes de futuro me visualizaba con tres o cuatro hijos.  Pero pasar por tres cesáreas (la última muy complicada), me ha cortado las posibilidades de continuar ampliando la familia de manera biológica, y durante un tiempo,  pensar en ello me provocaba una enorme tristeza.

Sin embargo, no hay sido hasta que mi Pequeño ha cumplido los tres años, cuando he sido plenamente consciente de esta realidad. Quizá el inicio del cole y el ver lo rápido que está creciendo, me ha hecho darme cuenta de que, efectivamente, ya no habrá más bebés en casa.

Los pañales, la lactancia, los chupetes, los inicios de la alimentación complementaria, las noches de desvelos, los primeros balbuceos…todo ha quedado atrás.

Pero, curiosamente, nunca pensé que llegaría un momento en que pensar en ello me provocaría una especie de “liberación”, felicidad e ilusión… ¡Con lo que me gustan los bebés! ¿Qué es lo que me ha hecho pasar de la nostalgia a las ganas locas por cambiar de etapa?

Ahora, empiezo a disfrutar de tiempo para mí

Por primera vez en nueve años de maternidad he comenzado a tener tiempo a solas con mi marido de manera frecuente, y también tiempo para mí. Y esta es una de las cosas que me ha ayudado a aceptar con ilusión y felicidad el hecho de saber que ya no habrá más bebés en casa.

Ya no es misión imposible darme una ducha a solas, disfrutar de una buena lectura en silencio o tener una tarde de compras.

Tampoco lo es pasar un fin de semana con amigas, salir a comer o al cine con mi marido, o incluso irnos de vacaciones los dos solos durante varios días, como hemos hecho este verano. Mis hijos ya tienen edad para quedarse con los abuelos o los tíos, lo hacen encantados y a nosotros nos viene de lujo, tanto como pareja como a nivel individual.

¡Y no os imaginais como echaba de menos que llegara este momento!

Con mi hijo mayor, nunca sentí la necesidad de tener tiempo para mí

Mientras mi Mayor fue hijo único no me separé de él ni un momento. Todos los planes que hacía eran siempre con él, y se cuentan con los dedos de una mano las veces que mi marido y yo le dejamos al cuidado de los abuelos para irnos a cenar los dos solos. Así lo sentía en aquel momento y así quise hacerlo, y esos cuatro primeros años de maternidad los disfruté muchísimo.

Con mi hija mediana, no surgió la oportunidad

Luego llegó mi Pulguita y con ella una nueva forma de criar: más intensa, más salvaje, más instintiva… ¡Decir que disfruté como nadie su etapa de bebé es quedarme corta!,a pesar de los momentos tan complicados que viví con la lactancia, y del derroche de energía del que hizo gala mi niña desde el primer momento.

Confieso que los primeros meses con ella fueron agotadores. Tremendamente felices, pero agotadores. Y si sobreviví lúcida a aquella etapa es porque la viví en una nube perenne de embobamiento y enamoramiento, que me hacía sacar fuerza arrolladora de donde a veces ya no quedaba.

La llegada de mi hijo pequeño, supuso una nueva etapa agotadora

Enseguida llegó mi Pequeño, mostrándome otra cara de la maternidad radicalmente opuesta: la del tiempo que se para, la de la paz, la quietud y el silencio. ¡Y es que no ha habido bebé más tranquilo que él!

Dos bebés en 18 meses. Mi experiencia criando dos hermanos “casi iguales”

No obstante, y por muy fácil que mis hijos me lo hayan puesto siempre, no os voy a engañar: es agotador tanto física como mentalmente ocuparse en soledad de tres hijos. Y digo “en soledad” porque, desgraciadamente, los horarios laborales de mi marido siempre han sido demasiado extensos, con rachas de viajes de hasta una semana de duración. Y criar sola a dos bebés casi iguales es, sencillamente, agotador.

Confieso que en estos últimos años me he agotado mucho, tanto física como psicológicamente, por lo que aunque he disfrutado un montón sus etapas de bebé (especialmente la de mi Pequeño, que ha sido un bebé facilísimo), ahora es cuando comienzo a respirar y a aprovechar la libertad que me aporta que hayan alcanzado plena autonomía e independencia.

Ahora, todo es mucho más fácil

La llegada de esta nueva etapa no solo ha puesto las cosas mucho más fáciles,  sino que nuestros planes en familia y, en general, nuestra forma de disfrutar todos juntos también ha cambiado a mejor.

No quiero decir con esto, que la etapa de bebés no la haya disfrutado. ¡Todo lo contrario! Pero en una familia, el bebé es quien manda, y todo hay que hacerlo pensando en él, en sus horarios y en sus necesidades. Así que cuando esa etapa se deja atrás, creo todo se simplifica y se vive de manera más relajada.

Al menos así lo hemos podido comprobar durante estas vacaciones de verano, ¡tan diferentes a las del año anterior!, en donde por primera vez en mucho tiempo, nos hemos podido olvidar de relojes y rutinas estrictas.

Además, hay otra cosa maravillosa que estamos comenzando a disfrutar desde hace aproximadamente un año, y son los juegos entre los tres hermanos. Verlos siempre juntos, reír juntos, cuidarse mutuamente y pasar un rato divertido los tres, es algo que me fascina, y de lo que deseaba ser testigo desde el primer momento en que sostuve a mi Pequeño en brazos.

Así que, a pesar de que se me vayan los ojos detrás de un bebé y de que sienta una punzada de nostalgia cuando veo las fotos de mis hijos años atrás, me encuentro en un momento de la vida en donde no echo de menos esos primeros meses. Ahora que sé que no habrá más bebés en casa ha llegado el turno de disfrutar a tope en familia, de viajar por el mundo los cinco juntos, de vivir intensamente nuevas etapas, y de acompañar a mi Mayor en su preadolescencia a punto de comenzar. ¡Allá vamos!

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