La canastilla del bebé

Morguefile.com
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La primera ropita que le compré a mi bebé antes de nacer fue un set de body, pijama, patucos, manoplas y gorro para su primera puesta. Venía perfecta y cuidadosamente empaquetado y daba incluso pena sacarlo de su cajita. Fue lo primero que metí en la maleta que me llevaría al hospital. Pero entonces, una amiga me planteó una pregunta de esas que te hacen dudar, aunque fuera, aparentemente, una tontería. Me preguntó si lavaría la ropa del bebé antes de ponérsela. Lógicamente, pensaba lavar la ropa que le comprara y no viniera empaquetada pero algo que viene perfectamente empaquetado y dobladito, ¿para qué lavarlo?. Comencé a consultar en Internet y efectivamente, parece que debía lavar la ropita con un jabón neutro para evitar posibles reacciones alérgicas.

A partir de entonces, prenda que compraba prenda que lavaba a mano cuidadosamente y posteriormente planchaba. La maletita de mi bebé quedó de anuncio. La ropa la metí en bolsitas de plástico etiquetadas, dos bolsas por cada día que pasaría en el hospital. Mi niño nacería en agosto así que me despreocupé de llevarle ropa de abrigo salvo una toquilla para el día del alta.

Pero la canastilla del bebé que con tanto cariño había preparado fue un auténtico desastre.

A las pocas horas de nacer se manchó las manoplas y el gorro con la pomada que le habían echado en los ojitos. Eran manchas amarillas, similares al yodo, y cuanto más se restregaba la carita más se manchaba la ropa. Pensaba que las manoplas sólo serían útiles para las primeras horas de vida por lo que sólo había metido un par de ellas, pero cuando se las quité y comprobé las larguísimas uñas que tenía y los arañazos que se hacía en la cara cada vez que se tocaba me tocó encargar a las visitas que trajeran manoplas nuevas para no ponerle al peque las manchadas.

Prácticamente nada de lo que me llevé me sirvió. Hacía tanto calor que la única prenda apta eran los bodys de manga corta o tirantes por lo que las camisetas de manga larga, pijamas, trajes y las ranitas que me llevé se quedaron sin estrenar.

El trajecito que le compré pensando en el día en que nos dieran el alta también se quedó en la bolsa. Era monísimo pero poco práctico para el sofocante calor de agosto. Así que mi hijo fue, seguramente, el único bebé que abandonó el hospital con un simple body blanco de algodón. Tantos meses planificando la maleta y al final nada salió como esperaba.  Mi bebé no pudo estrenar mucha de la ropa que preparé pero tomé buena nota de ello para ir mejor preparada en un futuro 😉

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