Un embarazo soñado

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Imagen extraída de la web Morguefile.com

Mi tercer embarazo está siendo un embarazo muy especial desde el primer momento y muy diferente a los otros dos.

Fue diferente en la forma que tuve de enterarme, casi como si tuviera un pálpito repentino que me empujó a hacerme un test de embarazo cuando en mi cabeza no cabía esa opción. Con lactancia, sin periodo y con las palabras del médico “te va a resultar complicado quedarte embarazada en estas condiciones” resonando en mi cabeza. Pues ahí estaba mi Pequeño, venciendo a las circunstancias y demostrando que cuando se desea algo con fuerza se consigue.

Pasado el primer trimestre de embarazo (en el que, dadas las circunstancias, me enteré bastante tarde) y lo inesperada que pareció ser la noticia para nuestra familia y amigos, afronté un segundo trimestre realmente pletórico y ahora en el tercero, con las ganas lógicas de que todo llegue a su fin, lo estoy disfrutando más que nunca.

Me encuentro maravillosamente bien y si este último mes lo estuviera viviendo en octubre en vez de en julio-agosto, creo que sólo me faltaría dar botes de alegría porque me cuesta creer lo bien que me encuentro.

La gente que me ve me dice que soy una “superwoman” por ir siempre con la sonrisa puesta y no quejarme de nada. Seamos sinceros: quejarme, me he quejado alguna vez porque este calor es insufrible y no lo está poniendo fácil, pero lejos de eso, ¿por qué no habría de sonreír y mostrarme feliz? Estoy viviendo el embarazo que siempre había deseado… ¡Por fin!

Quizá esa felicidad permanente y ese afán por vivirlo todo intensamente se deban a la certeza de saber que este milagro nunca más se va a repetir (tras tres cesáreas tengo muy claro que cierro el chiringuito). O quizá se deba a los momentos tan mágicos que me están regalando mis hijos: los tres.

Mi Mayor porque, al igual que ocurrió con el embarazo de su hermana, está sumamente involucrado con todo, con la diferencia de que es un año y medio mayor y más consciente. Se preocupa constantemente por mí, me ayuda en todo lo que está en su mano, habla a su hermano con una delicadeza tremenda y me pregunta y quiere ser parte implicada del proceso. Ahora ya puedo explicarle las cosas de otro modo porque sé que me entiende, argumenta y pregunta muy interesado por todo lo que está ocurriendo dentro de mi tripa. ¡Me encanta su afán por aprender y la posibilidad que le ha dado la naturaleza de vivir, por segunda vez, esta maravilla!

Mi Pulguita, a sus 18 meses, no es más que un bebote y no se entera mucho, pero le hemos explicado que mamá tiene un bebé en su tripita y me llena de amor cuando, sin decirle nada, se acerca a mí, me besa la tripa o me abraza y dice con su lengua de trapo: “bebé”. Cuando estamos en la piscina me echa agua por la tripa, trata de dar de comer al bebé a través de mi ombligo o me embadurna de crema el abdomen en cuanto tiene ocasión. Es más que probable que no entienda nada de lo que está pasando ahí dentro pero el cariño con el que me acaricia y mira mi tripa me parece fascinante.

Y mi Pequeño está portándose como un campeón. No me ha dado ni una molestia, ni un mal día, ni un sobresalto… Fue discreto a la hora de empezar a moverse y ahora, quedándole tan poquito para salir, incluso me da la sensación de que no quiere hacerse notar demasiado. Se mueve como una lagartija porque sabe que me encanta sentirle pero me está respetando en cuanto a posturas imposibles de esas que te hacen ver las estrellas y está aguantando estoicamente el ritmo diario que me marco, el estrés y el ajetreo.

Así que mis tres soles me están regalando unos meses maravillosos, únicos e inolvidables. Un despido por la puerta grande del que será mi último embarazo. ¡Gracias!

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