Un año de lactancia que toca a su fin

Un año parece que durará nuestra lactancia y ¡qué rápido se han pasado!. Hemos disfrutado muchísimo y también hemos tenido momentos duros, pero me siento muy orgullosa de haber peleado por ello y haberle podido hacer a mi hija este gran regalo.

Los seis primeros meses de lactancia exclusiva fueron complicados. Tuvimos muchos altibajos y hubo momentos en los que a punto estuve de tirar la toalla, pero un día tras otro el tiempo fue pasando y cuando me quise dar cuenta ya habíamos comenzado con la alimentación complementaria superado con éxito la fase de lactancia exclusiva.

Los primeros días de AC fueron un tanto caóticos y yo tenía muchas dudas sobre cómo proceder al respecto. Siempre ofrecía el pecho antes que la comida pero en cuanto Pulguita comenzó a probar otros sabores su interés por lo que había en la mesa crecía en detrimento de la leche de mamá. Yo procuraba darle el pecho en un ambiente tranquilo y relajado, lejos de la cocina y de la comida que había en la mesa porque como la viera ya no había forma humana de hacer que mamara. Aún así, sus tomas eran cortas, nerviosas – casi por compromiso, diría yo- y se mostraba ansiosa por “el segundo plato”.

Así que pasamos una racha de fases diversas:

  • Durante unos días estuvo rechazando la teta o sólo la aceptaba “de postre”
  • Luego pasó a la fase opuesta: 100% demandante, pidiendo teta a todas horas y aumentando las tomas nocturnas.

De todas las fases por las que hemos pasado la que más gracia me ha hecho ha sido la que pedía mamar mientras comía; como el que bebe agua. Así que con la boca llena de comida me señalaba y tiraba de mi camiseta para descubrirme el pecho. Yo le ofrecía, ella pegaba un chupito y vuelta a su plato. Mientras estábamos en casa esto podíamos hacerlo pero cuando salíamos a comer fuera era una verdadera odisea frenar esas ansias de teta que le entraban entre bocado y bocado. A mi Mayor le hacía mucha gracia la escena, sobre todo contemplar cómo Pulguita hacía entender lo que quería y cómo me llenaba los pechos de restos de comida que tenía en la boca. Suerte que con el tiempo se le fue pasando esta manía porque aunque inicialmente era divertido, al final acababa poniéndome un poco nerviosa.

 A medida que he ido introduciendo nuevos alimentos y sabores en la dieta de mi hija, su paladar se ha abierto a un universo de texturas y formas de cocinado de alimentos que, simplemente, la maravillan. Pulguita me ha salido muy, muy comilona; todo lo quiere probar, casi todo le gusta y a veces come hasta reventar. Así que poco a poco fue dejando de mostrar interés por la leche materna. Las tomas se fueron espaciando para finalmente acabar reducidas a dos: una por la mañana nada más despertar y otra por la noche antes de irse a dormir. La de la mañana sí era productiva pero la de la noche no; simplemente buscaba contacto y succión no nutritiva que le ayudara a conciliar el sueño.

Hace ya días que no me pide; ni por la mañana ni por la noche. Yo he tratado de ofrecerle en alguna ocasión y en ciertos momentos puntuales en los que se encuentra cansada o tiene algún berrinche sí se agarra, pero succiona muy poco y enseguida se suelta o simplemente utiliza el pezón como si fuera un chupete.

De esta lactancia prolongada me quedo con momentos preciosos e imborrables:

Imagen personal

  • El cruce de miradas con mi niña y su manita acariciándome la cara o el cuello
  • Las carcajadas que se echaba con la leche brotándole por la comisura de los labios
  • El olor característico a la leche materna en su boquita
  • Los obstáculos vencidos que me han hecho empoderarme y crecerme ante las adversidades
  • Las posturas imposibles que teníamos en la última fase, en la que Pulguita se agarraba al pecho de cualquier manera y en cualquier situación. Recuerdo reírme de lo pánfila que me sentía las primeras semanas en las que para saber si la postura que tenía era correcta poco menos que debía estudiar un Master. Los últimos meses fueron muy divertidos y anecdóticos en este aspecto
  • En las últimas semanas, cada vez que quería mamar se acercaba a mí con cara de pícara, me tiraba de la camiseta y chasqueaba la lengua. Me hacía muchísima gracia escucharla 🙂

Así que, coincidiendo con su primer cumpleaños me atrevería a decir que Pulguita está comenzando a destetarse. Lo ha hecho ella sola, por propia iniciativa y de una forma natural y paulatina. Yo estoy muy feliz de haber llegado hasta aquí y de que haya sido ella quien decidiera el momento porque confieso que me estaba empezando a plantear el destete y me angustiaba no saber hacerlo bien. Una vez más, los niños nos dan lecciones. Simplemente hay que pararse a observar y escuchar sus necesidades para saber cuando se sienten preparados para dar pasos tan importantes como este.

11 thoughts on “Un año de lactancia que toca a su fin”

  1. Yo creí estar al borde del destete justo cuando mi bichilla cumplió un año. Pero me equivoqué. Pasó 3 o 4 días que no demandaba la teta para nada y no e servía para calmarse cuando lloraba. Pero de pronto se reenganchó y aquí seguimos con casi 15 meses, con unas 3 tomas diurnas y unas 4 nocturnas (dependiendo de los días).

  2. Lo bonito es que ha sido algo natural, buscado por Pulguita, con lo que ambas estáis tranquilas y bueno, la unión sigue estando 😉

  3. Absolutamente maravilloso!!! el destete perfecto.
    Y tú también lo llevas genial, yo creo que me va a dar pena cuando llegue el momento, así que la que tiene que ir “desteteándose” poco a poco voy a ser yo…

    1. Bueno, te diré que estas cosas las vas viendo venir así que te vas haciendo a la idea. Yo también pensaba que cuando me fuera a tocar pasar por ello me daría muchísima pena pero cuando ves que es un proceso natural que ha decidido el bebé todo resulta mucho más fácil.

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