Calidad de vida

Mucho se está hablando en estos días del libro escrito por la periodista Samanta Villar en donde cuenta cómo ha sido su experiencia con la maternidad. La presentación de este libro ha venido acompañada de unas declaraciones que han levantado ampollas. Y es que leer cosas como «nadie te cuenta lo que es en realidad la maternidad, tomas una decisión engañada», a mí, personalmente, me revuelve por dentro.

Partiendo de la base de que respeto todas las opiniones acerca de la maternidad (o de cualquier otro tema) que se quieran dar, por lo poco que he podido leer, las declaraciones de Samanta me han parecido bastante negativas y destructivas, y ello me ha llevado a escribir este post con mi opinión al respecto.

“De la noche a la mañana tu vida la destruye tu bebé. No podrás ducharte en condiciones, no podrás comer en condiciones, no podrás dormir en condiciones…Destruye tu vida”.

“Tener hijos es despedirte de tu vida anterior y tienes que estar preparado”

IMG_5834v2Personalmente, la primera afirmación me resulta terrible. Echar la culpa a un bebé de la “destrucción” de tu vida me parece, ciertamente inmaduro.

Creo que en la inmensa mayoría de los casos, se suele sopesar bien la decisión de traer un hijo al mundo. Porque una cosa es cierta y es que la vida te cambia tanto que debes estar preparado para ello. Tu vida anterior pasa a ser un recuerdo lejano en el momento en que nace tu bebé, su sentido cambia, tus prioridades cambian y todo alrededor se modifica para adaptarse a esa nueva situación. Pero, personalmente no lo calificaría como una “destrucción” sino como una adaptación a una nueva realidad.

Y es que yo me pregunto: ¿Realmente alguien piensa que cuando un hijo llega al mundo todo va a seguir siendo como antes?. Si es así, me cuesta muchísimo entender como puede caber semejante pensamiento

Si piensas que tras nacer tu bebé seguirás durmiendo ocho horas, comiendo en silencio, haciendo una sobremesa de sillón y manta, yéndote al gimnasio diariamente o dándote largos baños con sales aromáticas, siento decirte que vas muy desencaminada. ¿¡Cómo no va a cambiarte la vida si de un día para otro tendrás un bebé en tus brazos que te necesitará al 100% para sobrevivir?! Y esas necesidades no sólo incluyen alimento sino también amor, protección, calor, consuelo… Traducido al idioma de la maternidad, lo más normal será que tu bebé demande alimento cada pocas horas, que llore, que sólo se calme en tus brazos, que busque protección y consuelo en tu pecho, que te añore si no estás cerca…

Los primeros meses son agotadores. Esa es la realidad. Puedes, incluso, verte sobrepasada y echar de menos ciertos aspectos de tu vida anterior. Creo que es completamente normal tener esas sensaciones en pleno puerperio: Noches en vela, duchas rápidas de medio minuto, hormonas a flor de piel, cambio de biorritmos por adaptarlos al bebé…  Pero poco a poco todo volverá a su cauce, en unos casos antes y en otros después (depende de muchos factores). Pero llegará un día en que vuelvas a dormir del tirón y en que tu hijo no necesite tus brazos para consolarse. Y creeme que cuando ese momento llegue, añorarás lo rápido que ha pasado el tiempo.

Quienes me leéis sabéis que soy madre de tres niños de siete, tres y un año. Los inicios de cada una de mis maternidades fueron duros y caóticos, pero a día de hoy puedo afirmar que duermo del tirón, tengo tiempo diario para mí y hacemos planes en pareja con bastante frecuencia. ¿Magia? No. Simplemente adaptación y dejar fluir. ¡Todo llega, de verdad!

“Tener hijos es perder calidad de vida, aunque luego hay momentos que dices: son preciosos. Una cosa no quita la otra”.

Este punto y el anterior vienen a estar muy unidos, aunque la afirmación de que un hijo te hace perder calidad de vida me parece muy subjetiva. ¿Qué es “calidad de vida”?: ¿dormir bien?, ¿darse un baño relajante?, ¿descansar a pierna suelta cuando te apetece?, ¿viajar?, ¿salir de copas?…

Imagino que cada uno tendrá su propia definición.

Para mí, la calidad de vida es tener un techo digno donde vivir, tener un trabajo que me dé de comer y a ser posible que me agrade, abrir la nevera y tener comida para mi familia, poder salir a pasear libremente y disfrutar del sol -o de la lluvia-, tener acceso a una educación que me forme como persona y que pueda transmitir a mis hijos… Y, por supuesto, tener unos hijos felices y sanos que completen nuestra familia.

¡Y todo eso lo tengo! Lo demás, para mí, son añadidos que se van dando en ciertas etapas de tu vida. Ahora he cambiado el salir de copas con amigos por pasar un día en el parque de atracciones con mis niños disfrutando de sus sonrisas y emociones. He cambiado los baños relajantes por baños con mis peques donde hacemos guerras de agua. He cambiado el descanso a pierna suelta por el colecho con mis hijos o por los abrazos nocturnos que calman sus pesadillas. He cambiado el viajar a cualquier parte del mundo por planear, emocionada, una escapada en familia a Disneyland Paris…

Y así tantas, y tantas cosas que, personalmente, vienen a enriquecer la calidad de vida que de por sí, ya tenía antes.

“Abandonemos ya esa idea de que la maternidad es el último escalón en la pirámide de la felicidad de una mujer”.

“Yo no soy más feliz ahora de lo que era antes”.

Con la primera declaración me parece que Samanta hace una sentencia universal. Respeto su punto de vista pero se trata de una afirmación totalmente subjetiva ya que para mí, y para muchísimas otras mujeres que conozco, la maternidad sí ha sido el escalafón que me faltaba para ser completamente feliz.

Por lo que hay que respetar tanto a las mujeres para lasP1090628v2 cuales la maternidad no supone la guinda de su felicidad, como para las que somos tremendamente felices con esta condición.

Hace siete años era feliz, por supuesto. Mi marido y yo llevábamos una vida relajada y pletórica pero en nuestros corazones estaba el deseo constante de convertirnos en padres. Siempre había soñado con ese momento y cuando llegó, conocí la verdadera FELICIDAD, en mayúsculas.  

¿Qué los hijos dan trabajo? Por supuesto.

¿Qué te exigen mucho? Por supuesto.

¿Qué a partir de su llegada tus prioridades cambian? Por supuesto.

¿Qué nos aportan disgustos y quebadreros de cabeza? Por supuesto…

Pero todos los sacrificios y esfuerzos que supone la crianza de un hijo, se ven compensados con creces y creo que esto también hay que gritarlo a los cuatro vientos.

A mi juicio, el cúmulo de estas sensaciones tan negativas (y no me refiero a este caso concreto sino a nivel general) se debe a la soledad a la que se enfrentan las madres en muchas ocasiones. La crianza de un hijo es dura, sobre todo en sus primero meses, se ahí que sea tan importante tener una tribu alrededor que te sostenga, te ayude y te escuche. Porque es normal llegar a sentirse superada en ocasiones e incluso ver el vaso medio vacío. Pero si en algún momento te arrepientes de la decisión tomada, si sientes que has entrado en un bucle en el que sólo ves aspectos negativos o si no encuentras luz al final de tanta oscuridad, pienso que quizá haya llegado el momento de salir a la superficie y buscar ayuda.

Hace ya tiempo publiqué un post en donde hablaba de la maternidad idílica que muchas mujeres esperan encontrar cuando nace su hijo. Y es que desde hace años en los que participo activamente en grupos de crianza, son muchas las veces en las que las recientes madres se atreven a confesar que “la maternidad no es lo que esperaban o que no es como se la contaron”.

Claro que hay que tener derecho a una pataleta en plena crisis de agotamiento, a gritar, llorar o desahogarse. Pero también es importante que, para remontar, la madre se sienta acompañada. A veces basta con una tribu que te entienda, apoye y sepa mostrarte el lado positivo de las cosas. Pero otras veces la ayuda deberá venir de otro lado.

En cualquier caso, con mi reflexión tan solo pretendo recalcar lo que he comentado varias veces en mi blog:

  • Que cada maternidad es única y que no debemos hacer sentencias “universales” ya que lo que a mí me aporta calidad de vida y felicidad no tiene porqué aportárselo a otra persona.
  • Que la maternidad tiene sus sombras, por supuesto que sí, pero todo pasa y todo llega. Quedarse solo con lo negativo de algo (ya sea de la maternidad o de cualquier otra cosa) no nos hace ningún bien.
  • Y por otro lado lo importante que es vivir la maternidad acompañada y sostenida para no caer ni sentirse al borde de un abismo que no te deje ver el radiante sol que hay detrás de algunas nubes.

Madreaventura

Periodista, escritora, especialista en Marketing y ventas y, sobre todo, mamá. Mis tres hijos han aportado a mi vida la felicidad más absoluta y me han enseñado a ver el mundo desde su perspectiva feliz, inocente y despreocupada.

3 thoughts on “Calidad de vida

  • 15/02/2017 en 17:41
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    Gracias por esta entrada. Hoy tengo un día que me siento muy cansada, insuficientemente buena, agotada… Pero por casualidad llegué aquí y me siento mejor. Tengo dos niños (de 5 años y de 4 meses), son lo mas importante para mí y pienso que la maternidad es el miedo constante que no les pase nada, es el deseo de verles felices y es el orgullo inmenso, sin límite. Se ha despertado la peque, hay que ir 🙂

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