Masajes: un capricho que de vez en cuando viene bien darnos

Masajes en Fariolen Manila

Fotografía cedida por Fariolen Manila

Soy adicta a los masajes. Así de contundente. Pero, ¿y quien no?. A todas nos gusta cuidarnos, relajarnos y dedicarnos un tiempo pero cuando nos convertimos en madres ese momento “mimos” se hace tan imprescindible como a veces imposible por la falta de tiempo.

Soy mamá a tiempo completo. A las tareas domésticas se une el trabajo que, como autónoma, trato de sacar adelante en los ratitos que me deja mi pequeña terremoto de ocho meses y mi hijo de cinco años que emana vitalidad desbordada por los cuatro costados. Hay días en los que me meto en la cama sin haber tenido ni un solo minuto para mí y es que ya se sabe que, con un bebé de pocos meses, hasta al cuarto de baño nos toca ir acompañadas.

Las noches no siempre son buenas (lactancia a demanda y Mayor en plena fase de pesadillas es una combinación explosiva) por lo que son muchas las veces en las que amanezco como si me hubiera pasado un camión por encima y contracturada desde la coronilla hasta la punta del pie.

A lo largo de estos ocho meses como mamá de dos siempre que he tenido ocasión me he dado un capricho regalándome un masaje relajante. Lo he hecho en contadas ocasiones pero siento que me ayuda a renovar aire, descargar tensión y recargar pilas. Sin embargo, son muchísimas las veces en las que he ido ilusionada a darme un masaje y he salido con la sensación de haberme sabido a poco: casi una hora de masaje y diez minutos después está más que olvidado. Hasta que probé Fariolen Manila. En este centro, ubicado en pleno corazón de Madrid, he sabido lo que es realmente disfrutar de un buen masaje, relajarme y que esa sensación placentera me dure incluso varios días.

Masajes

Fotografía cedida por Fariolen Manila

Nada más entrar la decoración, las velas, el hilo musical y el té que te ofrecen te invitan a un relax casi instantáneo. El centro es grande (15 cabinas de masaje) pero estructurado de tal modo que resulta muy acogedor. Hay 23 masajistas, todos ellos filipinos y aquí es donde radica la principal diferencia entre este centro y cualquier otro centro de masajes que haya probado hasta la fecha : los masajistas están formados en la milenaria técnica del masaje filipino basada en la dígito presión que activa los canales energéticos del cuerpo para desbloquearlo y hacer que fluya de nuevo la energía y se restaure el equilibrio. Es una manera de sanar el alma y a través de ésta, el cuerpo.

El masaje concreto que me dieron fue una combinación entre relajante y descontracturante. El masajista que me atendió, encantador y muy profesional, fue relajando la musculatura haciendo presión con sus dedos en diferentes partes del cuerpo (mandíbula, cabeza, manos y pies, espalda…) y trabajando de forma más intensa en aquellas zonas en las que notaba contractura aliviando casi al momento la dolencia.

Salí de allí renovada y tremendamente relajada y, ¿sabéis lo mejor?: las contracturas que llevaba meses arrastrando desaparecieron en una sola sesión.

Masajes

Fotografía cedida por Fariolen Manila

Me hablaron de otros tipos de masajes como el Oriental y el 4 manos, dos de los más solicitados, el Deportivo, el Shiatsu, el Anticelulítico, Masajes faciales… También ofrecen masajes especiales para embarazadas (algo que viene fenomenal, sobre todo en la recta final del embarazo) y masajes para después del parto, ayudándonos a tonificar el abdomen y recuperarnos con más facilidad. A mí me hubiera encantado probar éste último pero como mi cesárea es relativamente reciente y aún tengo molestias en la zona, me aconsejaron esperar un poco más. ¡Deseando estoy de poder probar los resultados! 

Además, los masajes pueden darse en pareja (un servicio cada vez más demandado) en cabinas preparadas para ello, así que ya he hablado con mi marido para reservarnos una tarde e ir a que nos mimen y nos ayuden a relajarnos. ¡Sólo nos queda encontrar canguro para los peques! 😉

Sin duda es una experiencia formidable que recomiendo con los ojos cerrados. Descubrir Fariolen Manila me ha maravillado y me apetecía compartirlo con vosotros para que os deis un capricho o pidáis que os lo regalen, os aseguro que os va a sentar fenomenal.

2 thoughts on “Masajes: un capricho que de vez en cuando viene bien darnos”

  1. Qué gustazo nena! Yo siempre me perjuro a mi misma que buscaré tiempo para estas cosas, para cuidarme a mi misma, y la verdad nunca lo cumplo. Eso sí el año pasado regalé a mi madre y hermana masajes como regalo de cumpleaños… Por algo se empieza…

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