La princesa destronada

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“Tendrás que acostumbrar a Pulguita a estar sola para cuando llegue el bebé”, “tendrás que plantearte llevarla a la guardería para que te deje tiempo libre con el bebé”, “tendrás que llevarla a su habitación a dormir antes de que nazca el bebé”, “tendrás que hacerte a la idea de que será la princesa destronada de aquí a unos meses”… ¡Qué hartita estoy de todo este tipo de consejos que vengo escuchando desde que me quedé embarazada del tercero!

Es lo de siempre: la gente opina mucho -a veces incluso sin conocerte demasiado- y todos saben mejor que tú cómo criar a tu propia hija y qué hacer para que la llegada del nuevo bebé sea idílica y no afecte lo más mínimo a tus hijos.

Por partes:

“Tendrás que acostumbrar a Pulguita a estar sola para cuando llegue el bebé”

princesa destronada

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Esta aseveración, junto al término “princesa destronada” me repatea y me parece una falta de respeto y de consideración tremenda hacia el niño, además de una falta de tacto hacia unos padres que lo que menos necesitan oír cuando van a tener un bebé es que para “hacerlo bien” deben dar de lado a sus otros hijos.

A mí me lo dicen y me entra hasta risa porque estoy 100% convencida con el modelo de crianza que deseo para mis hijos, pero esto mismo dicho a una madre dudosa y con ciertos miedos por la futura situación familiar puede hacer mucho daño.

El amor de unos padres nunca debería dividirse sino multiplicarse, de manera que ningún hijo quedará jamás “desatendido”, “solo” o “destronado”. Es cierto que el tiempo es limitado y que, tengamos 1 hijo, 2 o cuatro no se va a multiplicar para hacernos la vida más fácil, pero ahí es donde residen la grandeza de una madre: en la capacidad de atender a todos sus hijos con la misma entrega de siempre y particularidad que cada uno necesita, aunque se vayan sumando nuevos miembros a la familia.

Yo no he sentido en ningún momento que estuviera desatendiendo a mi hijo cuando nació su hermana sino que, simplemente, incorporé a Pulguita a las rutinas que teníamos en casa. Es fácil hacerlo si no te sientes desbordada por la situación y sabes cómo manejar las expectativas y los tiempos (hablaré de ello más adelante en otro post).

En estos 15 meses como bi-madre jamás me he perdido una reunión con su profe, una función del cole, un cumpleaños de sus amigos o momentos de ocio junto a él. ¡Y todo ello con Pulguita siempre a cuestas y pendiente también de sus necesidades! No es ningún mérito por mi parte sino una simple cuestión de adaptación a una realidad totalmente diferente a la que hasta entonces conocía.

Es cierto que las primeras semanas tras el nacimiento de mi hija fueron algo complicadas y necesité delegar en otras personas el cuidado y la atención de mi Mayor, pero no tanto por la llegada de su hermana sino porque nació en un mes muy difícil –en cuanto a meteorología se refiere- como para incorporarla sin riesgo para ella a las rutinas diarias.

“Tendrás que plantearte llevarla a la guardería para que te deje tiempo libre con el bebé”

Guardería

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Pues en principio es algo que había pensado hacer, pero no por la llegada del bebé sino para aprovechar la ventaja que tiene por haber nacido en el mes de enero.

Hace tiempo que me ronda la idea de llevarla a la guardería en el último año, es decir, cuando tenga 2 añitos. Pero para ella no serán 2 años recién cumplidos sino que le faltarán apenas 3 meses para cumplir los 3 años. Llegado el momento valoraré si su madurez y su edad le beneficiarán para empezar la guardería pero siempre respetando sus ritmos y lo que me dicte el corazón y en ningún caso guiada por la necesidad de “quitármela de encima para poder ocuparme mejor del hermano pequeño”, como insinúa mucha gente.

“Tendrás que llevarla a su habitación a dormir antes de que nazca el bebé”

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Esta es otra cosa que haré cuando creamos conveniente mi hija, su padre y yo y que desde luego no se verá condicionada por la llegada de su hermano.

Mi Mayor estuvo con nosotros hasta los 2 años y en ese tiempo tuve que aguantar muchos comentarios sobre lo “insano que podía resultar eso para la relación de pareja”, “lo difícil que sería para el niño adaptarse luego a la soledad de su habitación” o “lo mal que lo estábamos acostumbrando por dormir a nuestro lado ”.

El tiempo me ha hecho ver que cada niño marca sus propios ritmos y que los padres debemos, en la medida de lo posible, respetarles y acompañarles en sus decisiones. De bebé, mi Mayor dormía regular. Era inquieto, tenía varios despertares nocturnos y madrugaba mucho; el hecho de sentirnos cerca le relajaba y mejoraba mucho su descanso y el nuestro. Pulguita, en cambio, es diferente: duerme como un lirón,  profundamente y no suele madrugar. Quizá esto propicie el hecho de “independizarla” antes que a mi Mayor pero sólo el tiempo lo dirá, no la llegada del bebé.

En cualquier caso, no tengo ningún problema en adaptar mi habitación a mis hijos y si debemos pasar una etapa durmiendo los cuatro juntos lo aceptaré encantada de la vida.

Soy consciente de que la llegada de un bebé absorbe mucho tiempo a una madre, sobre todo si se quiere optar por una crianza con apego, respetuosa y una lactancia materna exclusiva. Pero al igual que he tenido a mi niña pegada a mi pecho como un koala durante todo este tiempo en el que además JAMÁS he sentido que desatendía a mi Mayor, creo que voy a ser capaz de hacer lo mismo con la llegada del bebé.

Es cierto que Pulguita será aún un bebote cuando nazca el Pequeño pero tengo la inmensa suerte de tener un marido involucrado al 100% con la crianza de sus hijos, de contar con la ayuda de una familia maravillosa y, sobre todo, de tener el mejor apoyo que jamás habría imaginado tener: mi Mayor.

2 thoughts on “La princesa destronada”

  1. Cuanto aprendo de tí, yo tengo muchas ganas de volver a ser mamá y me asaltan dudas y temores, aunque como aún no menstrúo,no doy muchas vueltas. Pero me gusta leer como te apañas,sin duda tu experiencia me aporta muchas cosas
    positivas. Mi suegra tuvo 3 seguidos, y me lo cuenta como un caos terrible, no les dio pecho, se criaron con poca salud y malos hábitos, solo biberones y potitos por falta de tiempo, y al peque lo dejaba horas enel taca por no poder atenderlo y ahora… Mi pobre marido tiene muchas secuelas, realmente me quita la ilusión y hasta ya pienso que si tengo otro tendré que meter al primero en la guardería y no por libre elección, sino por incapacidad. Leyéndote me abres otras vías, otra realidad, y dejo de sentir que si quiero un segundo (o un tercero también) no significa que no vaya a atender bien al primero, realmente mi suegra me chafa bastante. Así que gracias.

    1. Ay madre con tu suegra!! Leo y no me lo creo… De todos modos yo es que creo que la generación de nuestros padres y abuelos era diferente en ese sentido a la nuestra. Las familias solían tener muchos hijos, todos muy seguidos y las condiciones y recursos para su cuidado que podemos tener ahora, antes no existían. Yo de verdad que confío en hacerlo bien en ese sentido. No aspiro a multiplicarme, a que me salgan 8 brazos o a que los días me cundan como si tuvieran 48 horas en vez de 24, pero creo que con buen propósito, cosas claras y fuera tabúes y esquemas mentales, pueda llegar a todo y seguro que llegado el momento tú también.

      Besote!

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