Historias de postparto en clave de humor II

Morguefile.com

Morguefile.com

Durante el postparto, seguro que todas las madres hemos recibido alguna vez el consejo de aprovechar para dormir cuando el bebé duerme. Sabio consejo pero ¡qué complicado resulta ponerlo en práctica!. 

“Vaya, parece que el niño se ha dormido. Tengo tanto sueño que me quedaría dormida de pie. Tengo tres hojitas  aproximadamente, hasta la próxima toma” – piensas emocionada mientras te acurrucas en el sillón. RING, RING, RING… ¡Maldición, olvidé desconectar el teléfono!. Es la suegra (o cuando no la prima, el hermano, la mejor amiga… ¡Siempre hay alguien!) que te llama para ver que tal está el niño y para decirte que por la tarde se pasará por tu casa para verle porque hace mucho tiempo que no le ve (concretamente 12 horas).

Así que aprovechas para dormir ahora porque la tarde parece ser que la tendrás ocupada. Pero cuando estás a punto de caer en brazos de Morfeo comienzas a darte cuenta de la cantidad de polvo que tiene la mesa del comedor. Y después de la mesa te fijas en la estantería, y en los pelusones que campan a sus anchas por el suelo del salón como si estuvieras en el mismísimo oeste. Además, los cacharros sucios se amontonan en el fregadero (ellos solos no saben meterse en el lavavajillas y sólo a ti parece importarte) y la ropa que está tendida, lleva ya seca desde hace cinco días así que cuando la recojas en vez de ropa será mojama. Te pones tan nerviosa pensando en las cosas que tienes que hacer que no logras conciliar el sueño a pesar de estar cansadísima, y a todo esto el reloj sigue avanzando y tu bebé empieza a dar muestras de querer despertarse de un momento a otro así que optas por no dormirte y aprovechar el poco tiempo que te deje tu bebé antes de despertar para poner el lavavajillas y poner un poco de orden a la casa.
Cuando por la tarde llega la visita a ver al niño te pide que por favor le des un poquito de agua porque viene sedienta. Decides ser una buena anfitriona y en vez de agua piensas en ofrecerle un refresco y un bol con patatas fritas. Pero cuando abres la despensa una única lata de cerveza arrinconada en el fondo del armario parece saludarte. Abres los armarios de la cocina como una loca en busca de víveres para sacar como aperitivo y entonces caes en la cuenta de que la última compra grande que hiciste fue antes de dar a luz y que después no has vuelto a pisar el súper y sobrevives con tuppers que tu madre te trae o con el pan que te sube la vecina cuando va a la compra. Por las noches, cuando tu marido llega del trabajo y se pone a preparar la cena, el pobre debe hacer magia para lograr cocinar, con lo que (no) hay, un plato decente.
El caso es que al final acabas llevando el vaso de agua del grifo que te ha pedido y te excusas por no poder ofrecerle nada más. Pero la visita está tan absorta con el niño que ni siquiera te escucha. Sin embargo, no ocurre lo mismo con algún que otro amigo que, con la excusa de conocer al recién nacido, se aposenta en el sillón, cerveza tras cerveza, mientras te cuenta sus últimas conquistas amorosas y no parece importarle que sea la hora de la teta/biberón o del baño. Él espera paciente a que termines con el niño y luego se le ocurre decir algo así como: “¿Pedimos unas pizzas?”. Entonces es cuando tú, con tus ojeras de tres días, te desmoronas como un castillo de arena y haces una señal desesperada a tu marido para que eche “amistosamente” al amigo pesado porque ya no puedes ni con tu alma. ¡¡Y encima luego te sientes fatal por haberlo hecho!!
Después de cenar no tienes ni fuerzas para ponerte el pijama. Estás tan agotada que serías capaz de meterte en la cama con el vaquero y la camiseta manchada con regurgitaciones del bebé. Y las tres horas que el niño te deja dormir hasta la siguiente toma, te saben a gloria.
Poco a poco esas tres horas se convertirán en cuatro, y en cinco… Y cuando te quieras dar cuenta estarás durmiendo seis horas del tirón. Y entonces empezarás a ver el mundo de otra forma y por fin llegará el día en que vuelvas a reconocerte cuando te mires al espejo.
Para leer la primera parte: Pincha aquí

3 thoughts on “Historias de postparto en clave de humor II”

  1. >Diego comió cada 3 horas hasta los 5 meses por lo menos!!!Cuando empecé con los purés.Por la noche es cuando peor se lleva…

  2. >¿¿Hasta los cinco meses?? ¡Madre mía, como te admiro! Nosotros tuvimos suerte porque Miguel Ángel pedía cada 8 horas nada más cumplir los dos meses. Pero eso ya lo contaré en otra entrada ;-P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *