Depresión postparto

depresión postparto

Fotografía extraída de la web de descargas gratuitas morguefile.com

Una de las cosas que más me aterraba estando embarazada de Pulguita era caer en una depresión postparto una vez hubiera dado a luz. Es curioso, sin embargo, cómo embarazada de mi Mayor jamás me planteé este hecho pues la depresión postparto era algo que me sonaba muy lejano y que sólo conocía a través de los artículos de las revistas.

Cuando nació mi niño viví unas primeras semanas un tanto caóticas. Era una mamá primeriza, sin ningún tipo de tribu en la que apoyarme y muchas cosas se me hicieron un mundo. Es cierto que tenía a la familia siempre pendiente pero nos separaban casi 30 años de crianza y, en muchas ocasiones, echaba de menos tener amigas en mi situación a las que poder recurrir. Aún con todo y con esas, el puerperio de mi Mayor fue extraordinario. Me sentía fuerte, orgullosa y feliz y aunque en varias ocasiones dejé de lado mi instinto para hacer lo “socialmente admitido”, en general siempre tuve la sensación de disfrutar a tope de mi maternidad.

Pero a raíz de adentrarme en la blogosfera fui conociendo más historias reales de madres como yo, de sus partos y postpartos no tan buenos como el mío. A esto se sumó el acompañar a una buena amiga en la terrible depresión postparto que padeció y fue entonces cuando me di cuenta de que la maternidad también podía tener un lado terriblemente oscuro que temía llegar algún día a conocer.

Los días que estuve en el hospital tras dar a luz a Pulguita fueron inmensamente felices. Había tenido un parto soñado (dentro de mis particulares condiciones), mi hija estaba sana y era preciosa, mi Mayor había reaccionado espectacularmente bien a la nueva situación y había conseguido esos momentos de intimidad como familia que tanto añoré cuando nació mi hijo.

Sin embargo, el tema empezó a torcerse a los pocos días, cuando me tocó batallar con un inicio de la lactancia muy duro (grietas, dolores, mal agarra e ingurgitación) y unos problemas de salud derivados de la cesárea que me anularon en todos los sentidos. Si a ello sumamos los durísimos días de invierno, la noche cerrada a las 17:00h de la tarde y el frío helador que no me permitía ni asomarme a una ventana, el cóctel fue explosivo.

Me sentía angustiada y muy agobiada al ver que las cosas no fluían como yo quería. Sin embargo fue cuestión de tres días -cuatro a lo sumo- y de nuevo renací como el Ave Fénix, con una fuerza descomunal.

Fueron cuatro los factores que me hicieron resurgir de aquella fea espiral en la que me adentré durante  unos días:

  • Por un lado el comprobar como mi Mayor había acogido la nueva situación. Verle feliz, enamorado de su hermana, obediente y cariñoso conmigo como siempre era, fue una pata muy importante en la que poder apoyarme.
  • El hecho de que mi marido remara en mi misma dirección, me apoyara en todo y me ayudara tantísimo como lo hizo, fue otro de mis principales salvavidas.
  • Por otro lado, el tener siempre cerca a Belén, ayudándome con mi lactancia y salvando esos primeros obstáculos fue, también, un factor determinante. Yo quería que mi lactancia funcionara a toda costa y a pesar de que hubo momentos en los que me planteé abandonar prometiéndome a mí misma que nada pasaría, el hecho de vencer las dificultades me hizo sentirme victoriosa y más fuerte que nunca.
  • A medida que los días pasaban las molestias derivadas de la operación también se fueron disipando y con ello aumentó mi independencia y autosuficiencia. Ya no necesitaba de nadie para ocuparme de mi hija ni de mí misma y eso me terminó de dar las fuerzas que me faltaban.

Pasados aquellos caóticos momentos renací invadida por un chute de oxitocina tan grande que me sentía poseída por el espíritu de la felicidad. El “yo puedo con todo” brillaba en mi frente con luces de neón y aunque había días, lógicamente, en los que estaba agotada, jamás me sentí sobrepasada por los acontecimientos.

Hoy, nueve meses después de haber dado a luz, me planteo cuándo acabó mi puerperio o si sigo aún inmersa en él.

  • Hay quien dice que el puerperio dura hasta que a la mujer le vuelve de nuevo la menstruación tras el parto;
  • otros opinan que hasta que su cuerpo y sus emociones vuelven al estado de antes del embarazo,
  • y otros dicen que mientras dure la lactancia hay puerperio.

Si esto es así, yo, que aún sigo con lactancia, sin menstruación, con un cuerpo que dista mucho de ser el que era y unas emociones desbordadas, seguiría en pleno puerperio.

Sea como fuere hoy sólo puedo decir que me siento abrumadoramente feliz, absorta, llena, empoderada y orgullosa de haber dado de nuevo vida. Estoy disfrutando a tope de mi segunda maternidad, bebiendo cada segundo y saboreándolo como si no hubiera un mañana. Sin embargo, no quiero perder de vista el hecho de que, si no fuera por la confluencia de los factores que he mencionado más arriba, la historia de mi puerperio podría haber sido bien distinta.

Y es que la depresión postparto existe, no es sólo cosa de revistas y, tristemente, hay mujeres que viven en atrapadas por sus fauces. Mujeres que gritan y quieren salir de ella pero no siempre es fácil.

Ojalá todos podamos aportar nuestro granito de arena para ayudar a aquellas mamás que están viviendo su puerperio de una forma que no es la que imaginaban y todos contribuyamos a que salgan cuanto antes de las fauces de esta terrible sombra llamada depresión postparto.

1 thought on “Depresión postparto”

  1. Y es bueno que se hable de ello porque la gente que no lo hemos vivido no podemos hacernos a la idea de lo que es y es que mucha gente no ha oído ni hablar de ello y piensa que es una exageración.
    Gracias por compartir tu experiencia

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