Había una vez una princesa…

mi princesa

Érase una vez una princesa que vino al mundo en un frío día de invierno. Su belleza era tanta que sorprendía con sólo mirarla y su corazón, lleno de bondad, era capaz de derretir palacios de hielo.

La pequeña princesita tenía el cabello largo y dorado como Rapunzel, verdes ojos como el mar y labios color carmín. Su tez era blanca, como su princesa de cuento favorita, y si algo le apasionaba era bailar, bailar y bailar como Cenicienta en el castillo.

El paso del tiempo dotó a la princesa Bella de gran sensibilidad, carácter apasionado y un amor inmenso que regalaba en cada abrazo, cada beso eterno y cada sutil parpadeo.

La princesa no vivía en un castillo, no había hechizos ni embrujos a su alrededor, ni sufría la enemistad de una malvada madrastra. Su vida era tremendamente feliz, acompañada de príncipes que la adoraban, de hadas madrinas y duendes mágicos que hacían realidad sus sueños y de algún que otro enanito al que cuidaba y protegía.

¡Y así deberá seguir siendo siempre, princesa!

En ti está la fuerza y el valor para lograr lo que te propongas: para descongelar el mundo, para soplar y soplar hasta derribar los muros que encuentres a tu paso o para cabalgar valiente hasta el infinito y más allá.

Pero de momento continúa disfrutando sin fin de tu particular País de Nunca Jamás. Se feliz, vive tus propias aventuras, ríe, sueña, diviértete y se la dueña de tu cuento.

Y colorín colorado esta historia sólo acaba de empezar…

¡Feliz tercer cumpleaños!

Madreaventura

Periodista, escritora, especialista en Marketing y ventas y, sobre todo, mamá. Mis tres hijos han aportado a mi vida la felicidad más absoluta y me han enseñado a ver el mundo desde su perspectiva feliz, inocente y despreocupada.

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