Mi tercera cesárea: una experiencia agridulce

tercera cesárea

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Mis experiencias con las cesáreas de mis dos hijos mayores fueron muy dispares, tanto que días antes de la cesárea de Pulguita medité mucho sobre lo que estaba en mi mano hacer para que la llegada al mundo de mi hija no se pareciera en nada a lo que pasé con mi Mayor. Elaboré un plan de parto (para cesárea) y hablé mucho con mi médico sobre lo que quería y no quería que ocurriera en el quirófano. El resultado ya lo conté en este post: una cesárea preciosa y respetada que se convirtió en uno de los momentos más bonitos y mágicos de mi vida.

Cuando me quedé embarazada de mi Pequeño, 11 meses después del nacimiento de mi niña, sabía que tendría que volver a pasar por otra cesárea, mi tercera cesárea, por lo que tuve mucho tiempo para pensar en ello, planificarlo y decidir cómo quería que fuera. Esta vez lo tenía fácil porque simplemente quería que todo transcurriera igual de bien que con Pulguita incorporando un nuevo elemento en la ecuación que la harían, simplemente, perfecta: el poder estar acompañada de mi marido.

Hablé con mi médico y no me costó trabajo convencerlo. Tercera cesárea, madre experimentada, marido templado y colaborativo y, probablemente, último parto: “El papá podrá entrar a quirófano. Ya me encargaré yo de que así sea” – me dijo. Y yo no podía estar más feliz e ilusionada.

El día llegó y a pesar de los nervios lógicos, iba contenta y optimista. Estaba segura de que todo iba a salir fenomenal y encima podría estar con mi marido y disfrutar junto a él del nacimiento de nuestro tercer hijo.

Además, la suerte me había acompañado hasta ese mismo día:

  • Contra todo pronóstico había llegado a la semana 38 sin una sola contracción y aunque el volumen de mi tripa era más que considerable, no había tenido ningún problema ni molestia (más que las propias de un embarazo tan avanzado en pleno mes de agosto) y me había dado tiempo a disfrutar de mi tripita.
  • Mi médico llegaba de vacaciones ese mismo día por lo que haber llegado hasta esa semana de gestación y reencontrarme con él para la operación fue una verdadera alegría. Confío ciegamente en él y durante las tres semanas que estuvo de vacaciones no paraba de pensar en que si me ponía de parto no podría atenderme él y eso me generó bastante ansiedad. Así que cuando le vi a las puertas del quirófano casi me faltó tiempo para saltar a sus brazos 🙂

Comienza la pesadilla…

Dicen que lo que mal empieza mal acaba y a pesar del “buen rollo” con el que me propuse entrar al quirófano, las cosas empezaron a torcerse en cuanto pisé el hospital.

  • Para empezar, una enfermera me cogió una vía para la medicación antes de entrar a quirófano que me destrozó el antebrazo. Me paralizó los tendones de la mano y solté un alarido de dolor. ¿Dónde habían enseñado a pinchar a aquella mujer? Sólo de pensar que tendría que estar con esa vía y esas molestias durante todo mi ingreso hospitalario, me desquiciaba.
  • Cuando la anestesista vio el “desaguisado” de vía que había cogido su compañera, decidió quitármela (con la consiguiente hemorragia en la mano que esto provocó) y pincharme en otro sitio pero lejos de mejorar la situación la empeoró y el último día de estancia hospitalaria los dolores a causa de la obstrucción de las venas eran tan insoportables, que tuvieron que retirarme la vía y administrarme la medicación de forma oral para evitar pincharme de nuevo (Por cierto, que los dolores derivados de ambas vías aun perduran, un año después, en forma de calambres eventuales en la mano y el antebrazo. Desconozco los motivos porque no lo he consultado con ningún médico pero hago este inciso para que tengas una idea de lo que supusieron aquellas vías)
  • El momento de pincharme la epidural tampoco fue todo lo bien que esperaba pues la anestesista no lograba dar con el punto donde debía pincharme y me hizo cambiar de postura varias veces. Sólo me pinchó una vez, pero sentí un calambre espantoso que me recorrió la columna de abajo a arriba y que me dejó muy dolorida la zona lumbar durante los 8 días posteriores hasta el punto de no poder permanecer sentada más de dos horas o de tener que dormir de lado porque el roce y apoyo en esa zona me resultaba muy molesto.
  • Durante la operación me bajó la tensión al subsuelo en varias ocasiones, lo que me provocó desvanecimientos, náuseas y mucho malestar. “Si necesitas vomitar, vomita” – me decían los médicos. Y yo sólo pensaba: “¿Alguien puede explicarme cómo voy a vomitar tumbada boca arriba, con los brazos en cruz y el abdomen abierto?.”

Una de las veces me desmayé y hasta que hizo efecto la medicación que me pincharon para revertir lo ocurrido, permanecí dormida un buen rato. Suerte que por entonces mi Pequeño ya había nacido porque sino me habría perdido su llegada al mundo.

  • Sacar a mi bebé no fue tarea fácil para los médicos y si lo más desagradable de una cesárea es la presión que tienen que ejercer en tus entrañas para sacar al recién nacido, cuando éste está muy encajado, mal posicionado y con una bolsa de líquido amniótico igual de llena que una piscina olímpica, el mal rato está asegurado. Uno de los médicos que me atendía puso su antebrazo en lo alto de mi útero y apoyó todo el peso de su cuerpo sobre mí con el fin de conseguir que el bebé saliera más fácilmente. En ese momento me quedé sin respiración, la tensión volvió a caer en picado y todo comenzó a darme vueltas. En aquel momento sentí que me moría. Veía a mi marido tan cerca de mí y a la vez tan lejos, sonriéndome para animarme mientras yo, con los ojos llenos de lágrimas, sólo lograba suplicar con el único hilo de voz que me quedaba que pararan, que ya no podía aguantar más tiempo todo lo que estaba ocurriendo…

Posteriormente mi marido me dijo que le sorprendió la cara de mi médico, haciendo un esfuerzo sobrehumano y con gesto de circunstancias, tirando del bebé para poder sacarle de mi vientre.

  • La sutura tampoco fue tarea fácil debido a las muchas varices uterinas que tenía y a las adherencias abdominales de las cesáreas anteriores que tuve que tratarme posteriormente y de manera urgente con un fisioterapeuta especializado.

El después…

Todo este cúmulo de circunstancias hicieron que la operación se alargara más de la cuenta con varias consecuencias derivadas de ello:

  • Una mayor pérdida de sangre que agravó la anemia que ya arrastraba durante los últimos meses de embarazo y que me llevó al borde de la transfusión sanguínea, a un día más de hospitalización y a la administración de hierro intravenoso durante varios días.
  • Dado que la operación se alargó hasta casi el doble de lo que suele ser normal en una cesárea sin complicaciones, la dosis de anestesia se quedó corta y comencé a recuperar la sensibilidad cuando aun estaban terminando de suturar lo que hizo que el dolor del post-operatorio comenzara demasiado pronto.
  • Debido a la hemorragia que tuve durante la operación y a los riesgos que esta cesárea conllevó, decidieron administrarme oxitocina sintética por vía intravenosa con el fin de ayudar al útero a contraerse cuando antes y evitar la temida transfusión. El tiempo que duró el gotero de oxitocina fue el peor de mi vida. No podía ni abrir los ojos a causa de los dolores extremos de unas contracciones que no me daban tregua y que se sumaban al insoportable dolor post-quirúrgico de una operación larga y complicada. Si a esto le sumamos el dolor lumbar a causa de la anestesia -y que me impedía poder acomodarme en la cama- y las náuseas y malestar de la tensión baja, el resultado fue realmente terrible.

 

“Siento en el alma que lo hayas pasado tan mal. Ojalá hubiera podido hacer algo para evitarte tanto mal trago” – me dijo mi médico apesadumbrado mientras me daba un fuerte abrazo cuando todo hubo acabado.

Y es que el equipo humano fue fantástico: mi médico, la matrona, el pediatra, las enfermeras y la anestesista, que siempre estuvo pendiente de mí en todo momento, acariciándome la frente y atenta a todos mis gestos. Mi marido siempre a mi lado, mi niño sano y precioso y yo con una actitud inicial positiva y colaboradora. Todo hacía presagiar una cesárea perfecta.

Pero no siempre las cosas salen como se planean y en esta tercera ocasión me quedó un sabor agridulce. ¡Ojalá hubiera podido despedirme del embarazo por la puerta grande, y más sabiendo que no habrá más futuras ocasiones!.

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15 respuestas en Mi tercera cesárea: una experiencia agridulce

  1. Marta 03/09/2015 at 13:19 #

    Vaya, qué pena. Una lástima que haya salido así, a pesar de todo lo bien que lo tenías preparado. Pero vamos a quedarnos con que el peque está bien, y que ya te han quitado los puntos!!! 😉

  2. anyalors 03/09/2015 at 14:34 #

    He llorado con el relato, que mal que lo pasaras así pero lo importante es que estas bien y tu niño también, un besazo

  3. Piruli 04/09/2015 at 12:00 #

    Ohhh Silvia me da mucha pena que fuese así pero no es culpa de nadie y te queda el consuelo de que hicieron todo lo que pudieron.
    Ahora a olvidar este mal trago con tu familia.
    Besos

  4. Lápiz Pluma 06/09/2015 at 13:56 #

    Lo primero darte la enhorabuena por la llegada del peque, espero que estéis disfrutándolo mucho.

    Siento mucho que la experiencia haya sido tan dura, te deseo una pronta recuperación.

  5. Cris 10/09/2015 at 18:22 #

    Ayyyy niña! ! Y que te digo yo, si ya sabes lo que hay!?

    Ha sido un final apoteósico, digno de película. Después del veranito que hemos tenido, nos han regalado sendos partos “de aquella manera”, pero están con nosotras y nosotras estamos bien.

    Disfruta mucho de tu nuevo pequeño, que es divino ( como las otras dos preciosidades que tienes en casa) y de tu familia numerosa que te lo has ganado.

    Y lo dicho, mejor compi de embarazo no hay, como tú.

    Mil besos bonita!

  6. aile 24/06/2016 at 1:35 #

    Que te puedo decir , lamento mucho lo que pasaste. Pero dale gracias a dios que todo salio bien que superaste todo y que el bebe nacio bien. Ahora yo estoy asustada estoy embarasada y esta va a ser mi tercera cersarea y eso mismo que te paso sin contar lo de las inyecciones me paso a mi con mi segunda cesarea fue horrible el malestar despues de ponerme la epidural las ganar de vomitar perdi la temperatura del cuerpo perdi mucha sangre la presion que hizo el medico para sacar el bebe me quede igual sin respiracion dios con solo pensar que tenga q pasar por lo mismo me aterra.

  7. Saudelis martinez 17/07/2016 at 0:56 #

    Dios ahora estoy mas nerviosa xq voy x mi tercera cesaría y tengo mucho miedo….. Y con esto m qde mucho mas asustada s lo q ya estaba.

    • Ci 26/10/2016 at 18:16 #

      Ya nació tu bebé???

    • Madreaventura 03/11/2016 at 16:53 #

      No tengas miedo. En mi caso se dieron un cúmulo de circunstancias que lo complicaron todo mucho pero no tiene porqué ser igual en todos los casos. Espero que estés tranquila y que lo afrontes con positivismo y que si tu bebé ya nació saliera todo genial.
      ¡Ya nos contarás!

  8. Angeles 30/09/2016 at 3:17 #

    Tube una cesárea en 2012 y la otra en 2013. Pero quero otro beb…
    Puedo tener una tercera cesárea ?
    Ya pasaron 3 años de mi ultima cesáre..

    • Madreaventura 09/10/2016 at 20:48 #

      Se recomienda un mínimo de 2 años entre cesáreas. Deberías consultarlo con un médico de todos modos porque también depende mucho del estado físico en el que te encuentres y de cómo te hayas recuperado de las anteriores intervenciones.

  9. estefa 24/03/2017 at 21:16 #

    A mi me paso tal cual en la tercer Cesarea…igual ya no habrá próxima porque es muy arriesgado

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