Dos embarazos casi idénticos

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Imagen extraída de la web Morguefile.com

A medida que van pasando las semanas, más asombrosas me resultan las coincidencias entre este tercer embarazo y el de mi Mayor. Así como en el embarazo de Pulguita dediqué varios posts a hablar de las diferencias tan notorias que estaba observando entre aquella gestación y la de mi hijo, con mi Pequeño lagartijillo pareciera que hubiera retrocedido 6 años en el tiempo…

Mismo aspecto físico

Con el embarazo de mi Mayor cambié muchísimo físicamente: ensanché una barbaridad de cintura y caderas, la cara se me redondeó mucho y tuve una sequedad de piel difícil de combatir con las clásicas cremas hidratantes.

Engordé 19 kilos que se notaron, sobre todo, en piernas y glúteos, algo que en el embarazo de Pulguita, aún engordando bastante más, no noté de forma tan acusada, pues los kilos estaban bastante más repartidos y seguía teniendo la cara muy fina.

En contrapartida, en mi primer embarazo disfruté de un pelo brillante y siempre limpio y un crecimiento muy lento del vello corporal, algo que en pleno verano agradecí muchísimo.

Estas mismas características las estoy viviendo de nuevo y desde las primeras semanas de gestación los cambios empezaron a hacerse más que evidentes.

De nuevo: retención de líquidos

Si algo caracterizó el embarazo de mi Mayor fue la retención de líquidos que me afectó sobre todo a partir de la mitad del segundo trimestre. Se me hincharon los tobillos y mis piernas parecían bloque de hormigón desde la ingle hasta la planta del pie. Este cambio tan brutal me sorprendió muchísimo pues quien me conoce sabe lo extremadamente delgada que soy y las piernas y tobillos tan finos que tengo. Me pasó lo mismo con los dedos de la mano y recuerdo pegarme un buen susto una mañana al comprobar que la alianza no salía y el dedo empezaba a hincharse…

Para sorpresa mía, en el embarazo de mi niña mis piernas siguieron estando igual de delgadísimas que siempre y pude lucir anillos y pulseras tobilleras sin temor a que se hundieran sin remedio en mis carnes.

Desde hace más de un mes llevo mi alianza colgada al cuello porque mis dedos empiezan a parecer morcillas, y aunque procuro hacer ejercicio con los tobillos y las piernas, comienzo a notar ya los efectos de la retención… ¿Otra coincidencia o se trata simplemente de la misma época del año en que me ha tocado vivir ambos embarazos?

Mismo (No)malestar

Si algo caracterizó el embarazo de Pulguita fue el malestar tan horrible que tenía las 24 horas del día. A las náuseas se unía un cansancio extremo, una fatiga casi permanente y un malestar que durante varios meses me anuló en mi día a día.

El embarazo de mi Mayor lo viví más relajada en ese aspecto pues en cuanto las náuseas cesaron en torno a la semana 14, ya no tuve más molestias que algún que otro dolor propio de los estiramientos del útero en crecimiento.

En esta tercera ocasión estoy teniendo la inmensa suerte de vivir, de nuevo, un embarazo bueno físicamente hablando. Las náuseas cesaron hace mucho tiempo y salvo las molestias típicas de lumbares y espalda, me siento mucho más pletórica y llena de energía que en mi segundo embarazo.

Las mismas (pocas) contracciones

A pesar de llevar un ritmo de vida bastante más acusado que en mis anteriores gestaciones y de tener una malformación uterina, este embarazo se está caracterizando por la ausencia casi total de contracciones. Salvo alguna contracción aislada que me obliga a echar el freno de vez en cuando, he de reconocer que a veces me olvido de que estoy embarazada de siete meses: cojo a Pulguita en brazos decenas de veces, voy y vengo del cole hasta 4 veces al día, hago múltiples viajes en coche y continuo con mi actividad diaria sin ningún tipo de ayuda y todo ello con dos niños pequeños de los que ocuparme.

En contrapartida, recuerdo el embarazo de mi hija siempre con contracciones y molestias, siempre preocupada y en reposo relativo cada dos por tres. Por suerte, esta vez, está siendo igual que con mi Mayor.

Mismos antojos

En el embarazo de Pulguita no tuve especial interés por ninguna comida concreta. En cambio, con mi Mayor, la sensación de necesitar a todas horas fruta y verdura fresca y un vaso tras otro de leche, llegó a convertirse casi en obsesión.

En este tercer embarazo se me están repitiendo de nuevo los mismos antojos que la primera vez: piña, fresas y sandía muy frías; salmorejo, espárragos blancos o ensaladas (cualquier tipo de variedad siempre y cuando esté fresquita) y leche, preferiblemente dos o tres vasos antes de irme a dormir.

Y ahora, si después de tantas similitudes con el embarazo de mi niño y diferencias con el de mi niña, alguien sigue dudando de la intuición que me lleva a creer que mi Pequeño es otro chico, ¡que hable ahora o calle para siempre! 😉

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2 respuestas en Dos embarazos casi idénticos

  1. Luli 03/06/2015 at 11:59 #

    Qué de coincidencias!!! Vas a averiguar el sexo pronto o vas a esperar! Nos tienes en ascuas!!!

  2. Ariel Pop 03/06/2015 at 23:54 #

    Qué ganas tengo de que confirmes lo que tú ya sabes! Yo en mi primer embarazo en 9 semanas se me manchó la cara y dejó de salirme vello, y hubiera sido nena…
    En el segundo me salía mucho vello y fue nene,pero un embarazo buenísimo. Un besito!

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