¡Hora de comer!

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Me hace mucha gracia cuando oigo a alguna madre hablar orgullosa de lo mucho y variado que come su hijo menor de dos años. Esto no es ninguna hazaña pues hasta los dos años la mayoría de los niños comen de todo sin traumas ni pucheros por lo que no es raro que un peque de esa edad se zampe un plato de verduras. Como dice Carlos González su paladar aún no está preparado para seleccionar lo que le gusta y lo que no. Pero pasados los dos años el tema comienza a cambiar ante la atónita e incrédula mirada de las madres que no comprendemos como, de un día para otro, pasan a rechazar las judías verdes y a preferir, en su lugar una hamburguesa con patatas fritas.

Yo misma pasé de alardear sobre los platos de brócoli, espinacas con jamón o pescado que mi hijo devoraba, a llorar por los rincones ante su desgana generalizada a la hora de comer o ante sus preferencias por un único plato (si pudiera, se alimentaría siempre de lo mismo). Y aunque me preocupa que a día de hoy mi hijo no pruebe alimentos tan básicos como la fruta, el pescado o la verduras y su dieta sea prácticamente carnívora, soy consciente de que forzarle a comer cosas que detesta no hará sino empeorar la situación.

Del mismo modo que los adultos no comemos de todo, creo que debemos respetar los gustos de los más pequeños que, como en todo, van cumpliendo fases y cambiando. La mayor parte de la gente de nuestra generación fuimos educados en la cultura de no levantarnos de la mesa hasta acabar todo el plato, aunque para ello hubiera que taparse la nariz mientras tragábamos dando arcadas. Una de las cosas que peores recuerdos me trae de mi infancia es precisamente la de sentarme a la mesa a comer algo que detestaba. Aquel momento se convertía en una verdadera tortura para mí y de gritos y enfados por parte de mis padres.

Por ello no me gusta obligar mi hijo a dejar limpio el plato si no quiere más o a comer algo que aborrece. Tratamos de disfrutar siempre de la comida y de hacer de ese momento nuestro momento de reunión. Mi hijo ve que en casa comemos de todo y que aunque él no quiera tomarlo hay unas reglas que debe respetar como no abandonar la mesa hasta que hayamos terminado (aunque él no quiera más) y, por supuesto, nada de emplear expresiones feas refiriéndose a la comida como “¡qué asco!” o similar.

Mentiría si dijera que a veces no me agobia ver a mi hijo hecho un tirillas, con un percentil que creo que no sale ni en las gráficas y unas costillas tan marcaditas que pueden contarse perfectamente simplemente con la mirada. Pero luego hablo con otras madres y me doy cuenta de que la mayoría de los niños son iguales en este aspecto. Por tanto he llegado a la conclusión de que igual que un día desapareció su voraz y variado apetito, algún día volverá de nuevo a aparecer y el pollo frito, la pasta, el arroz, las croquetas y las hamburguesas se combinarán con otros alimentos más saludables.

Mientras ese momento llega yo seguiré haciendo lo que buenamente pueda para seguir incorporando a su dieta alimentos importantes camuflándolos en recetas que adora; aunque sean cantidades poco significativas.

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3 respuestas en ¡Hora de comer!

  1. Mady 23/09/2013 at 10:17 #

    Ais, yo tengo el mismo problema con mi mayor… qué difícil es lo de la comida

  2. Dacil 23/09/2013 at 19:39 #

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Enseñar a comer sano a tu hijo tiene que pasar por órdenes, exigencias y normas sin sentido. Muchas veces el ejemplo y la paciencia hacen mucho. Y sobre todo, conocer los límites y gustos de cada niño. Me ha encantado tu artículo

  3. Marta 26/09/2013 at 9:32 #

    Yo no soy partidaria de forzarles a comer. Preparo la comida, todo lo equilibradamente posible, sana y natural. Y les pongo las raciones que considero que tienen que comer. Muchas veces, por la noche, sobre todo, a mi hija mayor, le pregunto si tiene mucha hambre o poca hambre, para modificar la cantidad. Sé que de pescado se comería todo lo que le pusiera, y alguna que otra verdura también se lo acabaría, pero lo mismo que nosotros no tenemos mucha hambre en algún momento del día o de la noche, a ellas les pasa igual. Y algunas cosas no le gustan, o no le terminen de convencer, trato de no hacerlas, o camuflarlas, pero no obligarlas.

    Besos especiales,

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