El tercer trimestre del embarazo en clave de humor

Morguefile.com

Morguefile.com

Conviene recordar que estar embarazada no es estar enferma. Se puede hacer una vida casi normal hasta el último momento, aunque sí es cierto que los síntomas que se tienen no deben ser menospreciados porque en muchas ocasiones puede llegar a mermar el día a día.

Del tercer trimestre recuerdo con horror mis tobillos de paquidermo del mismo tamaño que los muslos. Cuando conseguía mirarme los pies, los veía ahí, palpitantes, brillantes y con la piel a punto de resquebrajarse. Una vez se me ocurrió ponerme una pulsera tobillera y por la noche, cuando me la fui a quitar se me había quedado literalmente clavada en la carne… Lo mismo ocurre con los dedos de las manos por lo que si tenéis anillos que no os soláis quitar os aconsejo que lo hagáis antes de llevaros un buen susto.
Coger el sueño a estas alturas del embarazo también se hace difícil sobre todo si, como yo, sólo sabes dormir boca abajo. Deberían fabricar colchones con un agujero en medio en donde encajar la tripa y poder pasar la noche un poco más cómoda. Dicen que lo ideal es dormir de lado y con una almohada entre las piernas; sea como fuere, es probable que la mayor de las camas se os quede pequeña entre tanto cojín.
El calor y los sofocos son otra de las pesadillas de cualquier embarazada, sobre todo si la recta final pilla en verano. Siempre escuché que las embarazadas sienten más calor que el resto, pero no me imaginé que mi cuerpo pudiera llegar a ser una estufa en pleno mes de agosto. Era horroroso levantarse en mitad de la noche, empapada en sudor, con el camisón pegado al cuerpo y el pelo hecho una maraña. Había noches en las que el calor que sentía era tan inhumano que me tenía que duchar empapándome bien el pelo para poder seguir durmiendo. Yo no soy aficionada al aire acondicionado pero aquel verano se convirtió en mi mejor aliado. Lo ponía a toda pastilla por la noche y al despertar, fresca como una lechuga, encontraba a mi marido, envuelto en una manta que había rescatado del altillo del armario, acurrucado en un extremo del colchón y pidiéndome por favor que subiera un poco la temperatura (de 18º a 24º, por lo menos).
Puede parecer que no hay molestia a la que el cuerpo no se adapte o no logre mitigar de algún modo pero sí existe una, al menos desde mi vivencia particular, que me trajo varios quebraderos de cabeza en más de una ocasión. Es normal que a medida que se acerca el momento final, la frecuencia de micción aumente considerablemente. Probablemente tengas que ir al baño cada dos por tres y en ocasiones… quizá no llegues a tiempo. Sobre todo si la carrera hacia el cuarto de baño ha sido provocada por un ataque de risa.
Entre la risa y la torpeza de movimiento el camino hacia el aseo parece hacerse larguísimo y la puerta del baño se ve cada vez más lejana. Resultado: ¿será que he roto aguas?. No pasa nada. Mejor no darle más importancia que la que tiene y agradecer que ocurra dentro del propio hogar y no en la calle o en casa ajena.
Después de haber pasado por este periplo de vicisitudes ya no cabe duda de que las mujeres estamos hechas de una pasta especial y ya nada va a asustarnos. ¿Y el parto?; el parto es tan sólo una horita corta en comparación con todo lo que hemos tenido que pasar 😉

, , ,

Trackbacks/Pingbacks

  1. La larga espera (Segundo Trimestre) | Ser madre: ¡toda una aventura! - 13/12/2011

    […] que, con la cantidad de cosas que tienes que comprar y preparar para la llegada de tu pequeño, el tercer trimestre se pasará más rápido incluso que éste, pero te equivocas. Comienza el trimestre más largo de […]

Deja un comentario