Mi primera cesárea

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Todas sabemos cómo transcurre un parto natural. Alguna vez hemos leído, visto vídeos o imágenes de la alegría de los padres al abrazar a su pequeño recién nacido. En la mayor parte de los casos, todo parece idílico y perfecto. Sin embargo, cuando las cosas se tuercen y hay que hacer una cesárea muchas mamás se vienen abajo porque no es el parto con el que habían soñado.

En mi caso particular tenía asumido desde el primer momento que con una gran probabilidad mi niño vendría al mundo mediante cesárea por lo que tuve nueve largos meses para hacerme a la idea y leer artículos, opiniones y noticias relacionadas.
Tuve una cesárea programada al término de la semana 37, debido a la malformación uterina que tengo. A las 20:00 de la tarde me llevaron al quirófano y a las 20:30 mi hijo ya había nacido. Lo que ocurrió en esa media hora fue una mezcla de emociones y sensaciones que paso a relatar para, en la medida de lo posible, ayudar a las futuras mamás que vayan a pasar por ello.
Mi marido me acompañó hasta la puerta del quirófano y allí nos despedimos con un beso y emoción contenida. En ese momento éramos dos pero en pocos minutos pasaríamos a ser una familia de tres. Miré para atrás mientras se abrían las enormes puertas del quirófano y allí le dejé, solo, nervioso y probablemente más asustado que yo.
La anestesista que se encargó de ponerme la epidural era una mujer bastante seca pero muy profesional. El pinchazo no me molestó absolutamente nada y estuvo muy pendiente de mí durante toda la operación. Mi mayor paranoia era que la anestesia no me hiciera efecto y pudiera sentir dolor. Dolor no noté pero “sensaciones” sí, y muchas.
Una vez anestesiada procedieron a sondarme y dio comienzo la cesárea.
Todo sucede como en las películas: un foco de luz cegador, una sábana verde que oculta la visión de lo que los médicos te están haciendo, un frío invernal, un miedo que te paraliza los músculos y las conversaciones risueñas y absurdas de los médicos que te están interviniendo.
El momento en que sacan a tu hijo es indescriptible. Mi bebé tardó en salir porque tenía sus caderas muy encajadas en las mías, y los tirones que me dieron para sacarle es lo que más desagradable me resultó. Sin embargo, cuando te lo muestran recién salido de ti te parece un verdadero milagro. Lo primero que pensé es cómo algo tan grande podía haber estado ahí dentro… ¡¡Me parecía increíble!! 3,700 kg y 52 cm de bebé. Le admiré tan sólo por las incomodidades que el pobre habría tenido que padecer durante las últimas semanas y pensé que era, simplemente un CAMPEÓN por haber llegado hasta el final.
Luego le hice un chequeo rápido visualmente. Vi que tenía todo en su sitio y que era precioso y me dio una pena tremenda que mi marido no pudiera estar conmigo para verle en ese momento. Se lo llevaron a limpiar, a pesar y a medir mientras me suturaban. En ese momento – seguro que fruto de la oxitocina- ya no sientes nada. Las conversaciones de los médicos parecen haberse disipado y sólo quieres saltar de la camilla para estar con tu pequeñín al que oyes llorar desconsoladamente mientras le hacen el test de Apgar.
Lo cierto es que perdí la noción del tiempo que transcurrió desde que acabó la operación hasta que me llevaron a la habitación de nuevo. Me parecieron horas las que estuve en reanimación sin ver a mi hijo… sin duda son los peores momentos para una madre con cesárea. Pocos minutos después de haber llegado a la habitación ya había recuperado por completo la movilidad de las piernas y los dolores comenzaron a ser insoportables. Pero todo pasa y, aunque recién operada te parezca imposible, en tres días abandonarás el hospital por tu propio pie y con tu pequeño en brazos.
Y si en algún momento el ánimo decae, mi consejo es que miréis a vuestro bebé y penséis que si ellos han podido afrontar la traumática experiencia que debe suponer dejar el útero materno para venir al mundo de esa forma tan radical y poco natural, nosotras debemos estar ahí para ayudarles y darles toda la protección que necesiten sobreponiéndonos a cualquier cosa.

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2 respuestas en Mi primera cesárea

  1. Mercè 28/08/2013 at 14:38 #

    Tienes razón que cuando estás de parto las conversaciones de las comadronas, infermeras, médicos, etc, ponen súper nerviosa, ya que quieres que estén pendientes de lo que hagan! Pero como bien dices, si lo hacen es que todo está yendo bien (en mi caso con parto “natural” -vaginal con epidural- también fue así… La gente hablando y tu ahí con dolores). En fin.

    He leído el otro post en que te dicen que te programan ya la cesárea y sí que impresiona! En mi caso, que fue parto inducido, fue similar… saber que iba a ingresar al día siguiente y tendría ya por fin a mi niño te produce una especie de felicidad, miedo, dudas, ansias de que llegue… Lo malo de la cesárea es que no dejan entrar al marido en el quirófano, no? Pero bueno, lo importante es que llegue bien el niño y no haya ningún riesgo!

    Menudo niño te salió, que grandecito! Yo solo de pensar que la niña que llevo ahora es más grande que Biel cuando nació me asusta un poco XD Pero saldrá de ahí, saldrá. 🙂

    Un beso y ánimos en este nuevo embarazo!!

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  1. Planificando agendas | Ser madre: ¡toda una aventura! - 13/12/2011

    […] para nacer?. No soy como esas madres que están totalmente en contra de las cesáreas. Creo que una cesárea puede salvar vidas. Al menos en mi caso hubiera sido imposible que mi hijo viniera al mundo de manera natural así que […]

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