Historias de postparto en clave de humor I

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Cuando ya tienes a tu bebé contigo y pasa el tiempo prudencial que toda madre necesita para adaptarse a su nueva vida y a su día a día, es cuando comienzas a tomar conciencia de quien eres ahora y en lo que te has convertido. Poco o nada queda ya de la mujer que eras antes y aunque estás más que feliz con tu papel de madre, no puedes evitar añorar ciertas facetas que parecen haberse esfumado.

¿Dónde está la mujer sofisticada, siempre bien vestida y conjuntada hasta el último detalle?, ¿qué ha sido de la trabajadora incansable que sacaba tiempo a la salida de la oficina para pasarse por el gimnasio y mantenerse en forma?, ¿dónde se ha metido esa mujer a la que le gustaba mantener impoluto su hogar y cuidar al máximo su alimentación?, ¿y qué me decís de la  mujer descansada, que se levantaba con plena energía por la mañana tras haber dormido 8 horas del tirón?. De la noche a la mañana te da la sensación de que esa mujer ha desaparecido de tu vida y la que pasa a ocupar su lugar dista mucho de parecerse a la de antes.

Para empezar, nadie te advierte de la tripa de cinco meses que se te queda una vez has dado a luz.

Quizá es que venían dos y sólo me han sacado uno” – piensas irónicamente mientras te miras en el espejo una y otra vez desde todas las perspectivas posibles.  Esa tripilla cervecera, fofa y tan poco estética permanecerá ahí durante muchos, muchos meses. Siempre está el típico comentario de ese familiar o de esa gran “amiga” que te dicen aquello de: “Uy, pues a los quince días de dar a luz ya me ponía mi ropa de antes” .

No os preocupéis. Esto sólo ocurre en un porcentaje mínimo de mujeres con una genética afortunada. Tiene lógica pensar que si el útero tarda 9 meses en alcanzar su tamaño máximo, necesitará otros 9 para involucionar hasta volver a tener su tamaño original. Doce meses tardé yo en volver a entrar en mis vaqueros de siempre, así que, ¡PACIENCIA!.

Puede que al principio desees vestir con ropa holgada para disimular tu tripa. O puede que, más que desearlo, no te quede más remedio que vestir con 1 o 2 tallas más que la que tenías antes. Quizá incluso continúes usando ropa pre-mamá varias semanas después de haber dado a luz. Atrás quedaron los vestiditos ceñidos o los trajes de pantalón y chaqueta impecables. Durante una temporada es probable que permanezcan en el fondo de tu armario.

Y si optas por lactancia materna olvídate de complementos como fulares, collares o pashminas así cómo de vestimenta poco práctica  difícil de retirar para dar el pecho a tu bebé en cualquier sitio de forma rápida y discreta.

¿Y qué me decís del bolso? Ya no sólo no tienes tiempo para conjuntarlo con los zapatos o con el estilo de ropa que lleves ese día, sino que al final optas por meter tu monedero en el bolso del bebé; es mucho más práctico y así no llevarás más bultos de los necesarios.

Arrinconado queda el spray de bolsillo con tu perfume favorito y el neceser con el maquillaje y el espejito para retocarte cuando estás fuera de casa. ¿Quién necesita todo eso ahora? Su lugar pasa a ser ocupado por pañales, toallitas, crema para el culito, biberones, chupetes, baberos, sonajeros, potito de emergencia…

¿Y el móvil? ¿Qué era eso? Ese aparato que antes parecía imprescindible en tu vida, ahora morirá sin batería en lo alto de una estantería del salón.

¡Pero vaya! ¡Qué despiste el mío! He olvidado narrar el tema del sueño. Continuaré en otra entrada porque ese tema merece un capítulo aparte 🙂

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3 respuestas en Historias de postparto en clave de humor I

  1. Belén 04/05/2011 at 16:54 #

    >JAJAJAJAJA, muy bueno Silvia. Pero que sepas que tu estás divina hija mía, ya quisiera yo!!!!

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